Exposición: Cats are paradoxes


Duración: del 19 al 29 de septiembre.

Lugar: Sala MDD (CICUS).

Autor:
Pablo Amargo (Oviedo, 1971) ha colaborado en prensa y publicaciones periódicas (New York Times, El País Semanal, The New Yorker, Jot Down), así como en la realización de cubiertas, carteles y comunicación y, muy especialmente, en la ilustración de libros, habiendo publicado en distintas editoriales tanto nacionales como internacionales (Bárbara Fiore, Random House, Media Vaca, Anaya). Ha sido reconocido con importantes premios de ilustración a lo largo de su carrera profesional como el Premio Nacional de Ilustración 2004 y el Award of Excellence Illustration Annual otorgado por Communication Arts en EEUU en los años 2013, 2014 y 2016. En el 2016 recibió la Silver Medal por la New York Society of Illustrations, uno de los premios más prestigiosos en EE.UU. Recientemente ha recibido el Premio Gráffica 2016 como reconocimiento ala cultura visual en España. Más información: http://www.pabloamargo.com/

Sobre la exposición:

En esta exposición hay gatos. Son negros, flexibles y están en estado de asombro permanente.

En esta exposición también hay habitaciones. Son habitaciones después de una mudanza, como si alguien hubiera entrado y se lo hubiera llevado todo. Habitaciones que salen de otras habitaciones y así sucesivamente.

No son amenazantes, algunas tienen ventanas al exterior y las puertas siempre están abiertas. Son las mismas habitaciones vacías con las que suelo soñar desde hace algún tiempo. También hay edificios, árboles en otoño y algún que otro puente. Sobre todo, hay perspectivas, pero planas. Es decir, perspectivas que se contradicen a sí mismas porque son incapaces de entender la profundidad.

En un momento como el actual, donde todo es volumen, profundidad, espacio y 3D, elijo sin dudarlo las dos dimensiones: el alto y el ancho de un papel. Admito que me impacta la arquitectura contemporánea, los edificios art déco, el brutalismo o las estaciones de trenes italianas. No puedo dejar de admirar los jardines botánicos victorianos, la ingeniería de Eiffel o las avenidas enladrilladas de antiguas fábricas inglesas. Me dejan impresionado Bernini y las esculturas de Chillida, con sus ángulos de 89° o de 91°. Claro que aprecio estas obras tridimensionales, pero, cuando estoy delante del papel, dibujando, venero por inalcanzables los relieves egipcios o los beatos románicos. Toda mi carrera consiste en la reivindicación de las dos dimensiones y también en el continuo fracaso por lograrlo.

Esta exposición, sin embargo, no es una exposición sobre perspectivas, tampoco sobre gatos, puentes o habitaciones. Ni una exposición de humor. No se puede encontrar aquí una historia o un mensaje. Cansados de ser cautivos de las pasiones, algunos buscan liberarse acudiendo a los maestros zen, que comienzan por anular el pensamiento racional mediante retos intelectuales imposibles. Esta es una exposición de cincuenta ilustraciones como cincuenta köanes. Algo así como cincuenta adivinanzas que no tienen otra solución más que la propia adivinanza. O, como decía Nabokov, «enigmas con soluciones elegantes». Pablo Amargo